3 de abril de 2010

Padre Nuestro

«Oh padre nuestro, que estás en los cielos, 1
no circunscrito, sino por más grande 2
amor que a tus primeras obras tienes, 3

alabados tu nombre y tu potencia
sean de cualquier hombre, como es justo
darle gracias a tu dulce vapor. 6

De tu reino la paz venga a nosotros,
que nosotros a ella no alcanzarnos,
si no viene, con todo nuestro esfuerzo. 9

Como por gusto suyo hacen los ángeles,
cantando osanna, a ti los sacrificios,
hagan así gustosos los humanos. 12

El maná cotidiano danos hoy,
sin el cual por este áspero desierto
quien más quiere avanzar más retrocede. 15

Y al igual que nosotros las ofensas
perdonamos a todos, sin que mires
el mérito, perdónanos, benigno. 18

Nuestra virtud que cae tan prontamente
no ponga a prueba el antiguo enemigo,
mas líbranos de aquel que así la hostiga. 21

Esta última plegaria, amado Dueño.
no se hace por nosotros, ni hace falta,
mas por aquellos que detrás quedaron.» 24

Para ellas y nosotros buen camino
pidiendo andaban esas sombras, bajo
un peso igual al que a veces se sueña, 27

angustiadas en formas desiguales
y en la primera cornisa cansadas,
purgando las calígines del mundo. 30

Si allí bien piden siempre por nosotros,
¿aquí qué hacer y qué pedir podrían
los que en Dios han echado sus raíces? 33

Debemos ayudarles a lavarse
las manchas, tal que puros y ligeros
puedan ganar las estrelladas ruedas. 36

«Ah, la justicia y la Piedad os libren
pronto, tal que podáis mover las alas,
que os conduzcan según vuestros deseos: 39

mostradnos por qué parte a la escalera
más rápido se va; y, si hay más caminos,
enseñadnos aquel menos pendiente; 42

pues a quien me acompaña, por la carga
de la carne de Adán con que se viste,
contra su voluntad, subir le cuesta.»

No hay comentarios: